sábado, 6 de mayo de 2017

INFLACIÓN DISCURSIVA, A FALTA DE PRUEBAS (3)



La sobre explotación actual de la figura de Huidobro  en el  montaje de dos  grandes exposiciones  gubernamentales en un período de cinco meses, en Santiago,  revela la existencia de un arbitrario compartido por dos académicos de la UDP que señala hasta donde puede llevar la voracidad del arribismo historiográfico y político.

En Cerrillos, Huidobro sirvió para rebajar la fecha de la sobre determinación punitiva de la literatura sobre la visualidad; mientras que e la epopeya abstracta  en el CCPLM operó como  vector  fundacional para compensar un origen incierto. En ambos casos, los curadores-académicos forzaron las fuentes sometiéndolas  a la violencia aspiracional de un incontrolado anacronismo.

En Cerrillos, Huidobro sirvió para compensar la ausencia de Parra, cuyo arriendo fue  subiendo en el presupuesto hasta alcanzar cifras  que ponían en peligro el relativo equilibrio en  los pagos a los demás artistas.  Al final, esta fue una historia  determinada por las infantiles  especulaciones  del curador, con presupuesto de “todos los chilenos”.  En la epopeya abstracta la omisión de la abstracción informal se explica por  la fijación de deseo de un coleccionista, para “colocar” sus emblemas en dos exposiciones simultáneas[1].

Sin embargo, esto no explica todo el (d)efecto invernadero que sostiene la sobre explotación. En Cerrillos el curador y asesor ministerial tenía que demostrar la anterioridad letrista de Huidobro como “instancia fundadora” de una visualidad autónoma que le fijaba a la representación de la letra el derecho a “figurar” como principio infigurable.  La “imagen llamada palabra” implicada en el recurso  expositivo  buscó  desde la partida  confirmar la dependencia  de un molde programático que ni los propios artistas invitados  entendieron por qué estaban ahí, mas allá de la decisión dudosa de “tener que estar”, por temor a “dejar de estar”.  Mientras que en la “revolución de las formas”, el letrismo caligramático fijó el formato de recepción de lo irrepresentable; la letra   siendo programa  para una des/iconización ejemplar. 

Lo que han hecho estos dos académicos de la UDP  -que operan desde la universidad en provecho propio, administrando  agendas que no  contemplan ni se traducen en fortalecimiento institucional- ha sido redefinir la acontecimientalidad de unas obras princeps,  con el propósito de apoderarse de un presente moldeado para servir la memoria de sus huellas.  El deseo de memoria del arte ha subordinado el trabajo de historia del arte.

Fieles a las determinaciones de sus comitentes, los curadores han modificado la trazabilidad de sus propias huellas,  dotándolas de  la “nobiliaridad”  necesaria para “pasar a la historia”.  ¡Gran obsesión!  Porque en sentido estricto, ¿cómo vincular el diagrama implícito de la “empresa intelectual” de Vergara Grez con el paragrama explícito  de la “impronta poética” de Huidobro?  Se supone que en el programa de escritura del curador de la muestra,  al dar cuenta de su  “guión”, el segundo momento abstracto proviene del primero; o al menos, debiera demostrar cuáles fueron los dispositivos de mediación o intermediación que tuvieron lugar a lo largo de tres décadas.

El trabajo historiográfico no ha sido suficientemente elaborado, como para atribuir a ambos momentos unas relaciones de dependencia como las que se deja entrever. Lo más difícil en este trabajo consiste, justamente, en exponer las singularidades de formación de una tendencia. No basta con afirmar que Vergara Grez montó una operación de disidencia en contra de la iniciativa del Grupo de Estudiantes Plásticos.  Aunque no queda claro si fue en su contra.  No se conoce la lista de estudiantes que formaban parte del grupo. Se menciona, porque José Balmes siempre lo mencionó, la presencia de Gustavo Poblete. Pero el curador no considera como un dato importante que tanto Balmes como Poblete  no comparten con Vergara Grez la misma “sensibilidad política”.  Mal que le pese a los historiadores puristas, esta distinción política posee en el seno de la Facultad repercusiones académicas específicas que explican la formación de grupos  que se oponen a la conducción que la izquierda hace de la reforma universitaria, después de 1965.  Y eso explica, en parte, el apoyo que los abstractos geométricos reciben de parte de Romera. 

Pero hay que entender que todo esto se fragua en las diferencias que se establecen entre  la abstracción geométrica y la abstracción informal, ya desde comienzos de los años 50´s, en que los profesores más eminentes  del establishment advertían contra los peligros que la exposición francesa “De Manet a nuestros días”  tendría en la formación de los estudiantes.  ¿Es posible hablar de una disidencia de Vergara Grez? Respecto del mismo sistema, Balmes representaría, entonces, otra disidencia, que a final de cuentas, le ganó la partida[2]. 




[1]   Es necesario conocer el nombre de los coleccionistas y las obras que facilitaron para la ejecución de dos exposiciones:  La revolución de las formas en el CCPLM y Cuatro premios nacionales en el MNBA.  Todo indica que es posible encontrar a un mismo coleccionista, surtiendo de  manera distributiva una cantidad de obras determinada en cada muestra, determinando  la curatoría.  No era posible reconocer la existencia de obras de abstracción informal en el CCPLM, porque estaban  comprometidas en  el MNBA. En ambos casos,  la plusvalía asociada requería del procedimiento de  garantización simbólica otorgado por las dos instituciones ya referidas.
[2]  Será importante realizar el estudio sobre la configuración de la Oposición a la conducción de Balmes  en la Facultad, entre 1965 y 1973.  Y habría que conectar esta situación con el proyecto de recomposición universitaria que Vergara Grez intenta realizar en la sede norte de la Universidad de Chile, después del golpe militar.

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