domingo, 31 de julio de 2016

HAY QUE PONER A LA PRODUCCIÓN DE OBRA EN EL CENTRO DE LA REFLEXIÓN SOBRE POLÍTICA NACIONAL DE ARTES VISUALES.


Cuando participé, como varios otros, en el Coloquio para  recoger insumos  destinados a  la formulación de la  Política Nacional de Artes de la Visualidad, entendí que significaba legitimar un procedimiento de trabajo que,  a lo menos, estaba garantizado por el rol que asumió el área de  Estudios del CNCA. 

De este modo no me podrían decir que no me  restaba del proceso reflexivo, sabiendo que  de todos modos, el destino de los conceptos contenidos en mi ponencia iba a  experimentar una merma  significativa.  La conversión de unos conceptos analíticos en programas de acción específica está jalonada de retenciones, desviaciones, reducciones y desnaturalizaciones parciales que culminan en la redacción de un documento oficial de política, que tendrá que ser aprobado por el  Directorio del CNCA.

A lo único que se puede aspirar en estas circunstancias es a que el trabajo iniciado por  Estudios no sea perturbado por la influencia nefasta en el Gabinete de Camilo Yáñez,   artista interesante  ya descendido  al estatuto de  limitado operador político. 

Las ponencias del Coloquio señalaban un rango de problemas sobre los que existe un diagnóstico en el CNCA. De hecho, si no existiese un diagnóstico, ¿cómo justificarían Camilo Yáñez y sus secuaces la “política de facto” que llevan a cabo en en área de  artes de la visualidad?.

Las palabras “secuaz” y “de facto”  se hacen necesarias  para describir de manera muy precisa el rango de relaciones internas que este operador construye, así como la política de amedrentamiento de cuyos efectos tendrá que hacerse responsable en su momento.   Ya le hemos advertido que este poder que ostenta es “emífero” y que sin necesidad de judicializar su comportamiento,  en un futuro próximo el  juicio más certero de sus colegas será de orden ético.  

Las garantías de recepción de  las observaciones y propuestas contenidas en las Ponencias está dada por el área de Estudios. De hecho,  hemos  concordado con otros actores del campo de la visualidad  nuestra participación en la totalidad  del proceso de reflexión, admitiendo el imperativo  de las mermas, porque  de todos modos logramos instalar algunas cuestiones de nuestro interés,  que  tendrán que ser consideradas al momento de redactar la política. 

Considerar no es sinónimo de admisión total de una batería de argumentos. Solo  significa que ciertos temas ya no pueden volver a ser discutidos de la misma forma.  En las condiciones en que ha sido planteado este proceso no es posible esperar más, porque incluso, la  pertinencia  teórica del área de  Estudios está siendo puesta a prueba al interior del  CNCA,  por el propio gabinete.  

A mediados de la semana pasada -22 de julio-  fue firmada la aprobación de las Bases Administrativas de Licitación Pública para la Sistematización de la Información y Generación de Diagnóstico para el Diseño de Política Nacional  sectorial de las Artes de la Visualidad 2017-2021. 

Semanas antes de la realización del Coloquio solicité  a artesdelavisualidad@cultura.gob.cl  la publicación de los términos teóricos bajo los cuáles se invitaba a dicho evento.  No recibí nada. Ni siquiera un compendio donde se diera a conocer los conceptos que justificaban la constitución de las  áreas de fotografía, artes visuales y nuevos medios, como si fueran dimensiones suficientemente justificadas para montar un dispositivo de fomento de sus prácticas diferenciadas. 

Nuevos medios, ¿incluye fotografía, radiofonía, videografía, videojuegos, internet,  instalaciones, intervenciones públicas? Entonces, ¿por qué  inventar un “mono” que contiene a todos los otros, que por demás, poseen una suficiente “trayectoria formal” en la  escena chilena? ¿Y fotografía? ¿No es acaso uno de los soportes privilegiados de las prácticas de artes visuales más reconocidas? Entonces, es un “coto privado” que administra Coddou para sus amigos. ¡ Si a lo menos pensaran en la “creación” de obra; es decir, en el fomento y promoción de foto-libros!, en vez de financiar festivales.  

¿Y la pintura? ¿Por qué se convierte  a la pintura en una zona de castigo? Los principios de materialismo pictórico asociados a la Obra Dittborn son el fundamento para una política de artes visuales.  No porque  imponga sus condiciones para ser “colgado” en Cerrillos, sino porque el diagrama de su obra es mucho más que eso.

Todo lo anterior lo pienso en relación, nada más, que a la producción de obra. Algunos insistirán en llamarle “creación”. Sea. Es en función de esta producción que están pensadas algunas prácticas  directamente asociadas, como las de archivo y conservación-restauración,  así como las del ejercicio no menos directo de la crítica colaborativa  (que no debe ser asociada a la investigación universitaria). 

Lo que sorprende de sobremanera es cómo el CNCA renuncia a ser el activo promotor de un tipo de producción de conocimiento que incide directamente en la formulación de sus políticas.  El recurso a la tercerización del trabajo de producción conceptual interna de un servicio público es causa directa de su “jibarización” estratégica; y por consiguiente, de un adelgazamiento de la crítica institucional.

¡Que curioso resulta someterse a una licitación para realizar un análisis que debe ser confrontado en el curso de un proceso  para el que Estudios ya señaló sus plazos y métodos en el Coloquio recién pasado! 

El área de Estudios del CNCA posee las capacidades suficientes para asumir ese trabajo. Y si no, es necesario dotarlo de dichas capacidades.  Porque  tiene por efecto directo el fortalecimiento de la capacidad de diagnosis del Servicio.   Y  la diagnosis de un Servicio  recoge el acumulado de una deliberación interna  que anticipa en cierto modo una política de acción.  Porque se trata de un tipo de conocimiento que responde a las exigencias, tanto de las comunidades de artistas como de sus imaginarios locales.  En el entendido que los artistas visuales están inmersos en una trama de transferencia informativa que los sitúa en una condición etnográfica singular y según la cual responden de manera simbólica y formal a los imperativos que sus comunidades sociales les demandan en la complejidad de sus relaciones.  De ahí que sea muy significativo respetar la diagnosis de un Servicio, porque de este modo no se abandona la obligación de generar una política, no desde la “clientela”, sino desde los imaginarios de las comunidades de productores de arte.

Analizando las bases  mencionadas, que reproduce términos como “producto”, “mercado público”, “oferta técnica”, parece haber sido redactada para que participen en la licitación -¡que palabra para el léxico de las artes de la visualidad!- solo oficinas de asesoría y/o consultoría en estudios generales de cultura, porque no existe en el país ninguna oficina ni agencia habilitada para realizar esta solicitud relativa al campo de las artes visuales. 

De modo que podemos sospechar que se trata de una solicitud con nombre y apellido, destinada a no perturbar la hoja de ruta que ha impuesto el arbitrario comportamiento del asesor Yáñez, donde se señala que el equipo ganador tendrá que “someterse” al control de la “contraparte técnica” del CNCA.  Dicha contraparte -¿es Estudios o simplemente se trata de un eufemismo?  ¿La contraparte es Yáñez? ¿Esto no supondría que dicha contraparte estuviera en posesión de un pre-diagnóstico a partir del cual  debiera ejercer  el mentado control discursivo?  ¿Cuál es ese pre-diagnóstico?  Es un discurso que el asesor cuestionado se ha cuidado de no hacer público.

De hecho, la enumeración de obligaciones que señalan las bases, perfectamente podrían haber sido socializadas en las mesas de trabajo pensadas  en el Coloquio para ser desarrolladas en el curso del año. Las fuentes primeras y secundarias a las que se refiere las conocemos todos quienes hemos elaborado hipótesis de desarrollo para el sector.   La sistematización de estas informaciones no proviene del trabajo de “focus group”, sino del análisis de obra y de las condiciones bajo las cuáles se reproducen las prácticas.  

Hay que poner en el centro de la reflexión sobre política nacional de artes visuales la PRODUCCIÓN DE OBRA, y no la difusión ni la formación. La difusión es un asunto relativo a la “industria de las instituciones de exhibición” y la formación tiene que ver directamente con el “mercado” de la educación superior.  La edición crñitica no ni formación ni difusión, sino productora del “discurso de posteridad de obra”.  Algo completamente distinto.

Mal  se podría solicitar a entidades universitarias  que participaran en esta licitación, si no están habilitadas para elaborar informes con este tipo de exigencias.  A menos que inventen consorcios ad hoc y contraten a sociólogos e historiadores de arte “acreditados”  para resolver las “cuestiones de método” y de “recolección” de la información.   ¿No sería el diagnóstico sino el reflejo de una política  académica en particular, en desmedro de otras?  Pero en ese caso el CNCA  estaría privilegiando a una universidad en particular. Sabiendo de antemano que en este terreno no hay ninguna universidad que de garantía. Las prácticas de arte más significativas tienen lugar fuera de la universidad y escapan de las determinaciones que algunos enclaves  académicos quisieran ejercer. Una política nacional de artes visuales no puede ser el reflejo de los prejuicios y de las ineptitudes de un aparato de “formación”. Ni tampoco debe ser el espacio especulativo de agencias ocupadas en desarrollar “marcas sectoriales”. Menos aún, debe transformarse en campo de operaciones para proyectos de administración de gestiones culturales generalistas, tramadas a partir del uso de información privilegiada.

Vuelvo a insistir: hay que poner la PRODUCCIÓN DE OBRA en el centro de la reflexión sobre política nacional de artes visuales.


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