lunes, 22 de febrero de 2016

FARRIOL/CABEZAS: UNIDOS EN LA GLORIA Y EN LA MUERTE.


¡Ah! ¡Que maravilloso es practicar la mercuriología  En el mes de febrero, a falta de noticias en forma, la musealidad aparece como problema en El Mercurio.  Ni siquiera es un problema. Apenas se reproduce como síntoma de un desmantelamiento discursivo e institucional.  Caracterizado por una escritura pulcra y de sugerencias elusivas, en lo que concierne a cultura El Mercurio ha  terminado por exhibir un extraño enervamiento.  Lo cual hace que su lectura deba ser más cuidadosa que lo habitual.  Finalmente, vivimos para leer el diario.  Suponemos  que en sus páginas  están cifrados los signos de la vida pública.

La regla de lectura, aprendida en los relatos que hace Regis Debray en una novela de título olvidable,  remite a  las oficinas de análisis de prensa practicados por  los destacamentos revolucionarios,  que recortaban  centímetros cuadrados de  trincheras impresas y bloques enteros de portada, para señalar movimientos de fuerzas que solo operan en la ilusión del dominio partidario como género literario. 



Así las cosas, en el mapa del diario de ayer, la crónica sobre la gratuidad en los museos apuntaba al efecto de su fracaso como política, fácilmente vinculable con el deseo de que todo concepto de gratuidad fuere concebido como la política de otro fracaso anunciado y no menos diferido, en Educación.  Sin embargo, esta operación estaba coordinada con otras dos intervenciones, a nivel de página editorial. La primera, una carta firmada por un abogado; la segunda, un ensayo editorial de Nicolás Bär, sobre la realidad económica de los centros culturales.

Fíjense ustedes  que en la página D12 el título es en extremo sencillo y apunta a determinar (una vez más) la precariedad de los museos chilenos.  Lo cual, no es ningún descubrimiento.  En la página A2, Nicolás Bär entrega  consideraciones generales de buena familia que ponen en relevancia la filantropía y el rol de la empresa privada como condición de conjura  del fantasma de la precariedad.  Es decir, desde A2 regresamos a D14 con la lección ya aprendida y no queda otra alternativa que someterse a la privatización total de la musealidad, para así poder garantizar la disolución de su endémica condición –dicho sea de paso-, en manos de la izquierda, que es lo que más parece dominar, como botín y como ejercicio de reparación.  

Sin embargo,   el gran “hallazgo” de Nicolás Bär  es el haber logrado instalar la diferencia entre museos y centros culturales; es decir, por debajo de la línea, entre patrimonio y propaganda.

Justamente, es en este punto que El Mercurio “le presta ropa” al director de la DIBAM,  cuando reproduce aquellas  palabras en que admite  que los recursos son insuficientes y que hay una brecha entre dineros asignados a creación y a patrimonio, como si avalara el subtítulo que lo precede, según el cual “Consejo de la Cultura se lleva la mayor parte de los recursos”.   

Lo que no  se especifica  es el tipo de recursos involucrados, aparte del dinero; me refiero, al capital  laboral,  de partida.  Contexto léxico en el que  Cabezas diría algo así como “nosotros tenemos recursos, pero no disponemos de Recursos”.  O viceversa.  Porque dentro de todo, lo que  autoriza esta página de ayer domingo en el Cuerpo D, es la preparación de Cabezas como víctima de Ottone, de modo que se entienda por anticipado que no pudo hacer más porque no solo no le dieron los recursos, sino porque fue objeto de una compleja y extenuante  caza de brujas, al interior de su propio conglomerado.  Todo se decide en los próximos días: ¿Será Cabezas  el Riquelme de Cultura?  La Ministra Delpiano lo dejó caer hace semanas, ya.

Antes de seguir con esta suposición estival, debo  hacer referencia a un fenómeno visual de proporciones, ya que  en el mapa del deseo impreso, las fotografías juegan un rol capital como anclaje.   No hay cosa más fascinante que reproducir el acceso al museo desde un punto de vista que incorpore la masa escultórica de Rebeca Matte.  Este emblema de la oligarquía  reclama simbólicamente la recuperación territorial del Petit-Palais remedado y construido como un monumento a la vanidad  de las familias fundadoras de la república.  El enervamiento de El Mercurio tendría que ver con la ausencia de posesión de semejante lugar, que no estaría en manos de quien debiera corresponder.  Al menos la fotografía satisface esta especie de solicitud arcaica de compensación de la ausencia.  Esto es lo que se llama inconsciente-del-diario.

Ahora bien: si de ausencia se tratara,    habría que reclamar a quien  realiza  el primer  des/bancamiento de los restos imaginarios  de una  oligarquía quebrada; es decir, a la dictadura de Ibáñez.  Resulta curioso que  el  Unidos en la Gloria y en la Muerte  de Rebeca Matte sea de la misma fecha. Es así como se entablaba un “debate ideológico”,  fundamentado en las obras.

El problema es que hoy, el arte chileno no produce  obra alguna  desde la cual se pueda sostener un debate político e historiográfico de consistencia.


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