miércoles, 14 de agosto de 2019

ROMAN DE GARE


Un « roman de gare » es una novela que pertenece a un género literario que se caracteriza por estar formado de libros de lectura fácil, que se compran en los kioscos de las estaciones ferroviarias y que se puede leer mientras se espera el arribo del tren y durante el viaje. Estando en la Gare de Guingamp (Bretaña), después de una misión de información para montar un proyecto de intercambio,  encontré una novelita a 7euros40, que despertó mi interés por el precio y por el párrafo de la contraportada. Antoine Duris es profesor en la Escuela de Bellas Artes de Lyon. Esto es para mí, pensé. He sido director de escuela y jamás había leído una novela donde un docente de historia del arte fuera protagonista.
De un día para otro, decide dejarlo todo para convertirse en guardia de sala en el museo de Orsay. Nadie podía entender el motivo de esta sorprendente decisión de parte de un especialista que había hecho su tesis sobre Modigliani.

En su metodológica maldad, Eugenio Téllez me había enviado la semana pasada por whatsapp una fotografía en la que aparecían (cortados en plano americano), de izquierda a derecha,  Modigliani, Picasso y Ortiz de Zárate. Era su comentario jocoso al descubrimiento que yo había hecho, en la vitrina de un local de pinturas antiguas y objetos de arte africano situado en la rue Richelieu, de una pintura de este último, con una tarjeta  en la que aparecía su nombre y la fecha; “Manuel Ortíz de Zárate, 1920”.


Me acordé de la foto y decidí comprar la novela, que de hecho se titula “Vers la beauté” y ha sido escrita por  David Foenkinos. Entonces, la pregunta por el motivo de la fuga de Antoine es un misterio que la encargada de recursos humanos del museo, ha resuelto aclarar. Tres horas por delante, en TGV, eran las necesarias para no despegar la atención, que seguiría en el bus 95 en dirección a casa y al día siguiente en el 69, con destino al trabajo. Hasta que supe que era lo que había que aclarar. Pero no voy a hacer un resumen, sino abordar un aspecto que me produjo ese punctum , cuyo empleo analítico popularizó la lectura a la rápida del libro que ya se sabe, en la escena chilena de 1981.
Ese punto “que me hiere”  está en algún lugar entre dos extremos y se condensa en la movilidad de uso de la capilaridad. El primero es el título de una xilografía de Edvard Munch (“Tête d’ homme dans les cheveux d’ une femme”), en que un hombre permanece capturado por la cabellera rojiza tentacular, cuyo efecto refuerzan las estrías de la impresión de la plancha de madera.
Su alumna predilecta se lanzó en un brillante análisis de la obra, hasta que en un momento comenzó a variar de objeto y terminó analizando una obra de Dalí. El escrito era igualmente brillante, pero está fuera de tema. Si hay un fantasma que amenaza  las correcciones de los trabajos en la academia francesa  es el  estar “hors-sujet”. Lo cual es muy complejo porque en el empleo de este adverbio está disimulada una exclusión significativa, ya que no solo la estudiante dedicó su tiempo al tema fuera de lugar, sino que en una traducción literal, se ha puesto fuera de sí, en tanto sujeto. El profesor escribe su corrección y subraya la palabra “hors-sujet”. Al día siguiente, la estudiante se lanza desde un quinto piso, en el departamento de sus padres. El profesor piensa que es por su causa.
Cuando el profesor fugado se convierte en guardia de sala, le cabe vigilar una pintura de Modigliani: “Portrait de Jeanne Hébuterne”. Uno de sus tantos retratos. Cuando él fallece, el 24 de enero de 1920, ella se acerca a su cuerpo y se corta un mechón de sus cabellos pasados a trementina y lo deposita sobre su pecho. Desconsolada, dos días más tarde se lanzó desde el quinto piso, desde una ventana en el departamento de sus padres. Estaba encinta de ocho meses.
Esto es lo que yo llamo “polos de la capilaridad” sobre los que se trenza la narración. Por mi apuro en terminar la novela, me pasé dos paraderos. 


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