viernes, 19 de julio de 2019

PADRES E HIJOS


A propósito de padres e hijos ... recibo un comentario de Francisco Torres sobre una ficción de Orlando Millas, en el que relata que el 20 de Agosto de 1973, para el aniversario de un nuevo natalicio de Bernardo O´Higgins,  Salvador  Allende pronuncia un discurso en Chillan  en el que defiende al “Padre” de la patria, “hijo legítimo de la inmortalidad y la historia”. Esta es una ocasión, para detenernos un momento. La historia de Chile legitimó a O´Higgins en su calidad de hijo/fundador. De nuevo, resuena la frase de Leppe en la performance del 2000: Yo soy mi padre.

Hasta aquí hemos visto que la vía chilena al socialismo actúa como una excepción histórica. Desde ahora podemos ver que la vía chilena al conceptualismo actúa como una excepción histórica. Francisco Torres agrega un tercer elemento: esta filosofía hace sistema con cierta lectura de la historia en Chile, donde el suicidio aparecería representado como hecho positivo (o negación determinada). La performance de Leppe aparecería representando como un hecho positivo la muerte del padre. Luego, Torres elabora un argumento que pone en crisis la voz oficial de la filosofía de la historia de la izquierda en Chile. La propia performance sustituye el argumento que pone en crisis la voz oficial de la filosofía del arte en Chile. En efecto, Orlando Millas remarcará en su discurso el continuum no solo desde O’Higgins a  Allende; sino que aproxima a Portales con O’Higgins,  de tal manera que Allende aparece emparentado a Portales. En (d)efecto, el discurso sobre Leppe lo emparenta con Porateles y O´Higgins y lo estatuye en  fundador.

No estaba en antecedentes  que Orlando Millas tenía  un libro sobre Portales en 1973. Estaba listo para imprimir en Quimantu el día del golpe. Lo más relevante a juicio de Torres es que  el Portales de Orlando Millas es más cercano al de Vicuña Mackenna (1863) que al de Encina (1934) y aparece como un garante de la defensa del poder cívico frente a los militares. Tesis que no estaría tan distante de las de Mario Góngora, en tanto Allende es inscrito  en el cauce de una Idea del Estado en Chile, como último indicio de un impasse representacional. En esto consiste su ficción trizada:   la forma en que se da la muerte pasa a constituirse en un gesto socrático portaliano.

Portales, por un lado, es producido como el unificador del Estado, contra la tentativa federalista de los pipiolos, y por otro lado es sindicado como un antimilitarista, porque se resiste  a la influencia pelucona. En el fondo, esto pone en evidencia el deseo de Orlando Millas por des/bolchevizar  al propio partido comunista y colocarlo en la continuidad de un proyecto nacional que reivindicaría la filiación de O´Higgins. De este modo es posible afirmar, entonces, que la Junta Militar des/naturalizó el legado de O´Higgins.  Lo cual, a título comparativo, hace pensar en el cambio que experimenta el propio partido comunista francés, cuando desde los años treinta reconoce a la revolución francesa como un antecedente necesario de las luchas del pueblo francés –que hasta ese entonces consideraba como una simple revolución burguesa-, dando pie a un comunismo nacional. Situación que habría tenido que ocurrir en el partido comunista chileno, por lo menos, después de la derogación de la Ley maldita. En este sentido, la gran injusticia de la historia chilena contemporánea sería que el partido comunista era la única garantía democrática en el seno de la Unidad Popular, porque ya se había incorporado a una historia de continuidad que no fue comprendida por los demás agentes de su alianza. Diríamos: la actual dirección del partido habría derrumbado su propia tradición discursiva, con las armas del frente y la inevitabilidad de su caída en el juego democrático.  

La interpretación anterior solo apunta a validar al partido comunista como  un hijo natural en constante búsqueda de reconocimiento, de parte de un padre social (oligarca) que solo está dispuesto a excluirlo de la historia. ¡Ni que fuera un personaje de “El río” de Enrique Gómez Morel!  El hijo, por supuesto. Es como para sostener, en esta disputa de legitimidades, que Orlando Millas sería  el último comunista que habría guardado fidelidad a la existencia de una cultura política democrática (des/bolchevizada, insisto por segunda vez) por la que Allende no terminó  avanzando, acosado en los flancos  por fidelidades que  le habrían subrayado  de antemano la escena en la que debía entregar la vida, como padre político, para fundar una nueva era.

2 comentarios:

  1. "La interpretación anterior solo apunta a validar al partido comunista como un hijo natural en constante búsqueda de reconocimiento, de parte de un padre social (oligarca) que solo está dispuesto a excluirlo de la historia" Está cuestión,aparecía ligada, de otra forma, con la ausencia de una tradición jacobina en Chile, o, positivamente, por la constitución de una capa girondina en la izquierda chilena... A propósito, de lo que establecería Mellado, a saber, las relaciones entre desbolchevizacion (comunismo nacional) y la continuidad metáforica O'Higgins, Portales- Allende, donde el pc aparece como hijo natural, apuntamos unas cuantas observaciones (...)

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